Al analizar un
fenómeno de impacto global sin precedentes como lo es, no el COVID 19 que si
tiene antecedentes con diferentes virus que se han conocido a lo largo de los
años, sino como lo es la respuesta que los gobiernos, en términos generales le
han dado a este brote viral, existen diferentes aspectos que deben ser tenidos
en cuenta y por supuesto que las conjeturas tienen una buena dosis de
interpretación personal. Por eso es tan importante que, al leer el siguiente
análisis breve, lo hagas desde la perspectiva correcta.
Esta perspectiva
es la que considera que el mismo está escrito simplemente por alguien que
piensa, más allá de lo que le imponen y se permite sospechar de aquello
sospechoso, dudar de lo dudoso, no creer a quienes ya nos han mentido con
anterioridad y sin entrar en el terreno del delirio místico, entiende que el
Espíritu Santo puede darnos la capacidad de discernir los tiempos que vivimos.
No soy dogmático por lo tanto en mis conceptos, solo los expongo en la libertad
que cada uno tenemos.
Si algo está
caracterizando esta pandemia (como la intentan describir) es que lo números no
respaldarían lo que se dice. Si bien es cierto que en algunas pocas ciudades,
de algunos pocos países se ha dado con una intensidad potente y lamentable, lo
cierto es que los números reales de la enfermedad en términos globales no son
tan altos, de echo el número de muertos está por debajo de los que normalmente
arroja una gripe estacional. Sin duda, las medidas de prevención deben ser
tomadas y respetadas, pero se percibe en el aire una exageración que solo
genera terror y fobia, y nada que genere estas sensaciones puede ser muy bueno.
En Argentina, las
estadísticas no son tan diferentes, al momento de escribir el presente llevamos
90 días desde que el virus “¿piso suelo argentino?” y más de 5 meses desde que
se inició, allá en la lejana Wuhan, y contamos 400 muertos. Cifra por cierto
lamentable ya que TODA VIDA VALE pero que parece bastante pequeña cuando la
comparamos con los 57000 (cincuenta y siete mil) muertos anuales por
enfermedades respiratorias (Según datos del Instituto MALBRAN).
En estos días en
los que la cuarentena se sigue extendiendo de manera pareciera interminable, a
la fobia que los medios de comunicación parecen querer instalar, se le suma una
dosis de desinformación (de los mismos medios) la cual sumada a la
multiplicación de opiniones que circulan en internet, redes sociales, grupos de
WhatsApp, etc. Da como resultado que sospechemos de todo lo que nos dicen, ya
que han sido pocos los consejos que perduraron en el tiempo.
Se habló del
peligro de tomar ibuprofeno hasta que (¿posiblemente influenciado por algún
laboratorio que necesita venderlo?) el Ibuprofeno paso a ser uno de los
probables tratamientos. Se dijo que el virus no afectaba a los niños, pero una
de las primeras actividades en suspenderse fueron las clases. Se recomendó que
solo usen barbijo quienes tenían síntomas, pero ahora no usarlo constituye un
delito. Se alerto acerca de que lo mejor era permanecer encerrados en el lugar
donde nos sorprendió la cuarentena y con las mismas personas, pero se liberaron
a más de 2000 detenidos en cárceles y comisarias, la lista sigue y como dije al
principio, permítanme sospechar de aquello que es sospechoso.
De manera
simultánea se suspenden las actividades generales del sistema de salud, para
poder permitir que los médicos se aboquen al tratamiento de enfermos con COVID
19, pero impulsan como servicio básico el aborto, que aún no fue tratado ni
legalizado, sino que, utilizando un protocolo firmado por un ministro de salud,
pretenden invalidar no solo la constitución nacional sino también todos los
tratados internacionales a los cuales la Argentina a suscripto.
Se anuncia un
falso aumento a los jubilados, quienes son las personas de más alto riesgo,
según lo que el mismo estado manifiesta quitándoles en realidad un porcentaje
importante del incremento que les corresponde de acuerdo a la movilidad previsional
firmada en el congreso de la nación mientras el personal del congreso recibe un
monto especial como premio a vaya uno a saber qué cosa. El Indec vuelve a sus
viejas andanzas al anunciar que la inflación del mes de abril fue del 1,5 %. El
Dólar Blue se escapa a 140 pesos. Algunos comerciantes no saben cómo van a
continuar, pero los impuestos siguen corriendo.
Todo esto, frente
a una realidad indiscutida, los muertos por covid en argentina no superan el
0,8% del total que se esperan por todas las enfermedades respiratorias.
En el mientras
tanto, los templos de diferentes confesiones permanecen cerrados y asumimos que
“no es imprescindible” congregarnos al
tiempo que el presidente utiliza frases como “La Argentina que conocíamos se
terminó para siempre” o “debemos adaptarnos a la nueva normalidad”.
¿Sera que esta
nueva normalidad incluye controlar como, cuando, como y con quien nos
congregamos? ¿Sera que, con la excusa de la Ideología de género, el aborto, los
derechos de todos, etc. pretenderán también controlar lo que se dice?
¿Sera que ahora
los mismos organismos internacionales que le imponen al gobierno local medidas
de salud pública que no contemplan la realidad particular de nuestro país
también le impondrán cuestiones afines a la fe?
En indudable que
esta “Pandemia” puso de manifiesto la incapacidad que tienen los gobiernos y
las fronteras de este mundo globalizado para contener un simple virus y eso les
da la oportunidad a poderes supranacionales a coordinar acciones conjuntas, no
solo en el área de salud pública como ya se ha hecho sino también a la brevedad
en materia de seguridad, para lo cual se puede llegar a implementar un sistema
único de identificación (Buscar información sobre el proyecto ID2020), economía
y por supuesto las “libertades” que hoy día parecería ser que la iglesia
estaría violentando.
Existe, no
obstante, una forma de evitar el conflicto. Permanecer callados y obedientes,
sometidos a todas las indicaciones, con nuestras puertas cerradas o abiertas de
acuerdo a las condiciones y los requisitos que nos quieran imponer. Sirviendo a
las leyes humanas, porque la biblia dice que debemos sujetarnos a las
autoridades, sin entender el contexto en el que eso fue escrito ya que estas
autoridades, por ejemplo, intentan validar y legalizar lo malo como ya lo
vienen haciendo y creyendo que encerrados en nuestras casas (porque ahora no
siquiera tenemos los templos) orando, vamos a conseguir hacer alguna
diferencia.
Existe también,
la mirada de resignación, la que asume que en el mundo tendríamos aflicción. La
que cree que “todo está escrito” y por lo tanto nuestro esfuerzo es inútil ya
que no vamos a cambiar nada.
Podemos vivir en
paz con el mundo, pero dudo que esa sea la paz que Jesús vino a traer. Jesús les dice a sus discípulos en el
evangelio de Juan 14:27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el
mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Un corazón
atemorizado, que logra evitar el conflicto en base al miedo no encontró la paz
que Jesús vino a traer, sino la alternativa diabólica.
Existen
innumerables elementos más a analizar. El endeudamiento personal y empresarial
con entidades crediticias y/o estatales y al mismo tiempo el endeudamiento de
nuestros gobiernos con organismos internacionales facilitando la manipulación
de los unos sobre los otros con las consecuencias que eso trae.
Ecl
5:8 Si opresión de pobres y perversión
de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello;
porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.
Los gobiernos en
general se han alejado de los principios de Dios, algunas instituciones
religiosas se han acomodado, la flexibilización de la fe es una característica
de estos días en los que “no podemos ser radicales” y “debemos entender que es
por nuestro bien” de pronto quienes toda la vida nos oprimieron se convierten
en nuestros “salvadores” y nosotros vamos como ovejas al matadero.
No tenemos dudas
que los tiempos están cambiando y nuestras vidas van a transicionar
inexorablemente, no obstante, el problema está en la decisión que debemos tomar,
y esta será si estaremos en paz con los gobiernos o con Dios.
