Un virus afecta a gran parte de la sociedad. No sabemos a
ciencia cierta si será la parte mayoritaria, aunque a simple vista parecería
que sí. Claro, un análisis mas exhaustivo nos hace observar que mientras los
infectados intentan tomar el protagonismo en las calles, los otros, los “sanos”
solo se esconden todo el tiempo que les sea posible para “preservar su integridad”.
Interesante que un “principio de supervivencia personal” o
en el mejor de los casos familiar se vuelve más importante que la lucha por
detener el avance del virus. Mientras tanto, los infectados no buscan sino convertir
a los que están sanos en uno de ellos, una especie de hambre voraz, que no es
tal, sino el impulso de atacar a quien aun no ha sido contaminado, lastimarlo y
como resultado final convertirlo en un “Muerto Caminante” es la única acción de
estos seres.
Pero los vivos no pueden estar cómodos mucho tiempo, ni
escondidos por la eternidad, ellos comienzan a necesitar alimento, un lugar
tranquilo o seguro donde estar, porque de a poco los infectados avanzan y
aunque no son inteligentes tienen una característica que los vuelve peligrosos…
Nunca se cansan. Por eso es que los sanos comienzan a salir, se encuentran con
otros sanos, se van agrupando y en un principio tratan de sobrevivir del ataque
de los infectados.
A medida que los sanos se van organizando en diferentes
comunidades, las necesidades y expectativas van creciendo, algunos ya se erigen
como líderes y curiosamente lejos de acordar con otras comunidades, comienzan a
desconfiar primero, competir después y luchar hasta volverse enemigos al final.
Pronto, no son los “Muertos Caminantes” el principal
problema, de hecho ahora hasta incluso son usados a favor de uno u otro grupo
como defensa o ataque, ahora el enemigo son los vivos. Los mismos que
enfrentaron y enfrentan el mismo virus, los mismos que en teoría quieren lo
mejor, esos que tienen como diferencia la forma, el núcleo de pertenencia, todo
se convierte en una batalla de Vivos contra Vivos por un poco de poder, de
confort, de prestigio, de bienestar.
Lo cierto es que esta batalla cuesta muchas vidas, algunos
incluso se terminan infectando, otros muriendo, otros aun sin estar infectados
se llenan tanto de odio que uno no sabe si es mejor que este vivos o se
infecten. Los vivos deberán aprender a convivir con otros vivos que no son
iguales, que no piensan igual, que no tienen la misma forma, pero para eso será
necesario dejar de lado rencores, resentimientos, los personalismos y ambiciones personales y anteponer
el bien común al personal. Sera que aprenderán algún día?... y la pregunta es… ¿será
que nosotros aprenderemos?
