Antes de entrar
en tema plenamente debo decir que algunos de los pastores que hoy no están con
nosotros, tenían o tuvieron en algún momento una relación personal conmigo y
aunque reconozco que la muerte siempre trae para los que quedamos una sensación
de tristeza y dolor, lo cierto es que ellos cruzaron la meta, alcanzaron el
premio y se encuentran en el destino final escogido por todos los que un día le
dijimos si a nuestro Señor Jesucristo. Como se suele decir, se nos adelantaron.
La verdad es que
las personas han muerto desde el principio de la humanidad, desde aquel acto de
desobediencia en el cual el hombre escogió el conocimiento antes que la vida, y
desafió la orden explicita del Padre, la muerte entro en el mundo, y con ella:
la enfermedad, el dolor y todo lo que rodea al sufrimiento del hombre. Nadie
está exento de sufrir o padecer, nadie tiene garantizada una vida sin
enfermedades y mucho menos sin muerte.
La expectativa de
vida de los hombres ha ido cambiando, desde Matusalén como el más longevo con
969 años hasta la edad media donde en Gran Bretaña la expectativa de vida era
de 31 años.
Sin retroceder
tanto, en 1850 el promedio de vida era de entre 42 años y mucho más acá, en
1997, en Argentina la expectativa de vida se situaba en los 69 años, más de 10
años de diferencia con lo que tenemos hoy aun en medio de una pandemia. Por
supuesto que todo esto fluctúa, según la zona, el sexo, la condición social y
el estilo de vida.
Por otro lado, el
índice de Mortalidad (cantidad de muertes cada 1000 habitantes) de los años
2018, 2019 y 2020, año en que se esparció la pandemia fue de 7,7puntos.
Bastante más bajo que los 9 que había en el año 2000. (dato de
www.idexmundi.com)
¿Adónde quiero
llegar? ¿Intento establecer un principio de descuido e indiferencia? De ninguna
manera, el 70% de los muertos por Covid son mayores de 70 años y de esos el 50%
mayores de 80, personas que biológicamente tenían más probabilidades de morir
que alguien más joven y aunque lamentamos profundamente la su pérdida, ¿Estamos
en condiciones de afirmar que si no existiera el Covid ellos seguirían con
vida? ¿Realmente consideramos que el motivo por el cual alguien muere cambia el
propósito y la voluntad de Dios? El Señor preguntaba retóricamente el su
extraordinario sermón en Mat 6:27 ¿Creen
ustedes que por preocuparse vivirán un día más? (TLA)
Creo en la
responsabilidad, pero definitivamente estoy en contra de como, un gran sector
de la iglesia está manejando la situación.
Templos cerrados para prevenir el avance de la
enfermedad. ¿de verdad
existen hombres de fe que pueden aseverar esto? ¿Cuándo la iglesia dejo de ser
un lugar de salud para convertirse en un lugar de enfermedad? ¿En qué momento
de la historia los “llamados” evaluamos el “riesgo de vida” para ver si
continuábamos adelante con la tarea encomendada?
Hambres, pestes,
desastres naturales, amenazas, prisión. Nada es razón suficiente para que
dejemos de brindar el servicio esencial y vital (como alguien acertadamente lo
calificó) y si bien es cierto que la tecnología nos ha ayudado, no podemos ser
indiferentes y egoístas con aquel que está solo, con el anciano que no maneja
las redes sociales, con el que simplemente necesita de una oración o un toque.
Porque también eso está medido, en nombre del distanciamiento social. Algo
parecido a lo que sucedía con los leprosos en los tiempos de Jesús quien, por
cierto, rompía los protocolos de salud al poner su mano sobre ellos para que
sanaran. ¿Que estamos haciendo?
No tengo dudas
que esto NO es un juicio de Dios, pero me preocupa que la actitud de la iglesia
al respecto lo motive. Me preocupa que una iglesia indiferente, temerosa,
incrédula y llena de excusas y “respuestas inteligentes”, sea quien motive ese
juicio del que algunos hablan.
(1Pe 4:17 Porque es tiempo de que el juicio
comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el
fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?)
Tampoco creo que
la enfermedad en si represente un avance de las tinieblas. Mas bien creo que
las tinieblas ocupan el lugar que la luz le permite. No es la enfermedad lo que
trae oscuridad, es simplemente la ausencia de luz. Me alegra llenar las redes
sociales, pero ¿Es solo eso lo que debemos hacer? ¿debemos conformarnos con que
nos permitan ser pastores virtuales nuevamente?
Personalmente,
creo que este es el momento en el que la iglesia más que nunca debe decir ¡presente! Lo hemos hecho desde lo
social, pero no es solo esa nuestra misión. El Señor nos envió a hacer
discípulos, a predicar el EVANGELIO. ¿Cuál es la buena noticia que estamos
dando? ¿En que nos diferenciamos del resto de las personas? ¿Dónde está nuestra
fe?
Salgamos a las
plazas, llenemos los parques, inundemos las calles. No nos olvidemos que la
plaga más importante que hemos sido llamados a combatir, existe desde siempre,
se llama pecado, y los únicos que conocen el tratamiento efectivo somos
nosotros, y que de no hacerlo, la consecuencia es la muerte. Pero la muerte
eterna.
Luc 18:7, 8 ¿Creen ustedes que Dios no defenderá a las personas que él eligió, y que día y noche le piden ayuda? ¿Creen que tardará él en responderles? ¡Claro que no, sino que les responderá de inmediato! Pero cuando yo, el Hijo del hombre, regrese a este mundo, ¿acaso encontraré gente que confíe en Dios?» (TLA)
