Lamentablemente las noticias de pastores que se suicidan cada vez son mas comunes, y eso teniendo en cuenta que solo se conoce cuando quien lo hace había logrado alcanzar alguna popularidad, ya que muchos lo sufrieron en el más absoluto anonimato.
Por supuesto que los comentarios inmediatos y “espirituales” no demoran en aparecer, “si se suicidó es porque estaba alejado de Dios”, “eso pasa cuando perdes la vida de oración”, “alguien que conoce realmente a Dios NUNCA se suicidaría”, “Lo tomó un espíritu imundo porque estaba en pecado” son solo algunas de las cientos de expresiones que se leen o escuchan mas frecuentemente, y posiblemente muchas sean verdad pero… ¿Cómo se llega a esa situación sin que nadie lo note?
En principio hay que destacar la enorme soledad que se vive en el ministerio. Aun cuando uno vive rodeado de personas, otros pastores, amigos, colegas, familiares la responsabilidad ministerial muchas veces cae sobre una persona, el pastor.
Aun cuando esta persona consiga tener un equipo de colaboradores, es sabido que estos se hacen cargo de muchas situaciones del día a día pero aun así, las cargas mas pesadas caen sobre el pastor, las disputas entre esos mismos líderes, los compromisos económicos (por supuesto que hay muchos que han superado este problema pero los más, se enfrentan ante un enorme desafío cada mes), la exposición a la crítica, la hipocresía de muchos, la obligación de estar siempre bien, de buen humor, limpio, alegre, siempre con una palabra de ánimo.
La gran mayoría de las iglesias esperan que su pastor predique tan bien como Dante Gebel, tenga la unción de Cash Luna, la multiplicación y crecimiento de Yonggi Cho, la gestión administrativa del mejor economista, la capacidad de relaciones públicas de un político, la imagen de un alto mandatario, pero con la simpleza de mas humilde amigo del barrio, que sepa de medicina, leyes, negocios, mecánica además de todas las artes espirituales y por supuesto un dominio casi perfecto de la Biblia, debe visitar a los enfermos, estar dispuesto a responder su teléfono en full time y hacer cada presentación de niño, bautismo, casamiento y responso. Pero eso no es todo, su familia debe estar a la altura de las circunstancias. Se espera de su esposa una conducta intachable, una imagen jovial, pero no demasiado moderna, que se arregle, pero no tanto, que sea simpática y que permita a su esposo ausentarse de su casa en cualquier momento y siempre con una sonrisa. También están los hijos. Deben ser los modelos a seguir por el resto de los jóvenes, tienen que ser los mejores pero… si después tienen alguna función rápidamente se dice “y, lo puso ahí porque es su hijo” y así podríamos seguir describiendo realidades…
A todo esto, deberíamos sumarle que aun muchas personas consideran que el pastorado debería ejercerse sin cobrar. O sea gratis, y si el pastor cobra debe ser un salario “decente” entiéndase por decente, que le alcance para la comida, pero ojo con que se vea el más mínimo ápice de avance y prosperidad… porque ahí rápido se sospecha. Es muy común cuando alguien es pastor, que una vez que te presentas como tal las personas te pregunten ¿y de que trabaja? Nunca supe que a un cura, por ejemplo, alguien le pregunte de que trabaja, pero si es normal escuchar que se lo pregunten a un pastor.
Si la iglesia está en apremios económicos… seguramente el pastor no esta orando lo suficiente, o no se administra bien, pero si la iglesia está prosperando ¡cuidado! Controlemos al pastor que se queda con la plata.
Sumado a lo que cada pastor vive en su realidad inmediata está la otra parte, la que tal vez sea la mas grave, la competencia, indiferencia, apatía del otro. Del que está en la otra cuadra o en el otro barrio. La costumbre de invitar a quien esta de moda, es famoso, “me trae gente”, siempre a los de mi propio entorno, porque si yo invito entonces… tal vez algún día me invitan. Y hacemos de esto casi una demostración de relaciones y poder “para que el otro vea lo bien que a mi me va”
Ni hablemos de aquellos pastores que tienen un perfil diferente al nuestro, “jamás” podría compartir algo con el, pero el domingo predico de Juan 17 y destaco la importancia de la unidad. No me importa hacer sentir valioso al otro, me importa considerar a alguien que me va a generar algún beneficio y así cientos, miles de pastores quedan aislados del mundo ministerial y solo se los considera para invitarlos a algún “gran Congreso” con el “gran ministro” porque de esa manera “crecen” (en realidad lo que quieren muchos es hacer bulto porque con esas fotos pueden seguir consiguiendo “sponsors”
Si, a esta altura algunos están pensando cosas feas de mí, seguro pensaran que todo esto lo escribo porque me pasa a mi y estoy resentido pero la verdad es que no es así. Frecuento Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay, he predicado en Estados Unidos y en Europa pero me duele ver el desprecio que se tiene por muchos. Incluso me entristece pensar en que muchos son obligados a salir a buscar recursos (y no solo económicos) fuera del ámbito de la iglesia por la gran indiferencia que existe. Me duele ver que muchos pastores hoy sufren en soledad y muchas veces no quieren recibir ayuda porque ya están demasiado heridos, y la gran mayoría de las cicatrices las tienen en su espalda.
Es verdad, hay pastores que se suicidan porque se han alejado de Dios, pero ¿nadie se dio cuenta?, ¿nadie vio las señales? ¿O será que a nadie le importó? Me pregunto como es posible que los líderes, los consiervos y la propia familia no la haya detectado. Y cuando analizo la realidad me doy cuenta que es simplemente porque un pastor debe tener la mayor de las empatías, pero el difícilmente la reciba de alguien.
Tal vez, no seas pastor y estés leyendo esta nota y te preguntes ¿Qué puedo hacer? No le preguntes a tu pastor como está, porque su respuesta siempre va a ser ¡BIEN!. Observa atentamente cuales son sus necesidades, ayúdalo, dale motivo de alegría no de tristeza, practíca aunque sea un poco de la empatía que el practica cada día, no esperes una fecha en especial para agradecerle, valóralo.
Si sos pastor, adelante. No estás solo, no voy a decirte que busques a Dios, eso ya lo sabes, ni que ores, posiblemente ni siquiera tengas fuerzas para hacerlo, tal vez ni vos sepas con total claridad que es lo que esperas que suceda pero si necesitas una mano… escribime. Acá espero.
Que Dios te bendiga.

Ay ay ay,cuanta verdad...
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