Existe una gran parte de personas en el mundo, no pocas, que buscamos hacer la voluntad del Padre. No
digo que lo logremos o que ya lo hayamos alcanzado, pero dejando atrás fallas,
errores y equivocaciones, seguimos adelante.
No tenemos posibilidades de ver, la iglesia como un negocio, una
oportunidad de hacer dinero o ganar algo más que el sustento necesario y…
cumplir el propósito de Dios en nuestras vidas.
Pero desde tiempos remotos existieron personas que vieron en la “fe”
una gran oportunidad de proyectarse, sentirse importantes, dominar, ganar
dinero, etc. No es nuevo que algunas personas utilicen títulos ostentosos,
demandando de esta manera, no apenas el respeto que se merecen, sino una subordinación
que casi se mezcla con autoritarismo y hasta en algunos casos con tiranía.
Líderes que en algún punto imaginan que son los “dueños” de las
personas, que deben “pedirles permiso” para cada paso que van a dar en sus vidas
como si esto tuviera alguna clase de fundamento bíblico, ético, moral o de
cualquier otro origen.
Personas que se apartan de la fe para montar estructuras religiosas,
con perfiles de falsa espiritualidad que lejos de guiar a las personas al
Eterno, las guían a ellas mismas. Personas que hablan de honra, solo para
recibirla, pero nunca para entregarla. Hombres que demandan un trato
preferencial pero que solo pueden hacer lo mismo con sus “consiervos” que manejen
un auto de alta gama o tenga influencias sobre multitudes…
Muchos de estos personajes se envalentonan hablando de temas que ni
conocen, y principios espirituales completamente profanados, los cuales
acomodan a su antojo para sacar ventaja de ellos. Tal como los describiera
Pablo cuando le escribe a su hijo Timoteo.
1Ti 6:3-10 Si alguno enseña otra
cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la
doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira
acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias,
pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de
entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; APÁRTATE DE LOS TALES.
Pero gran ganancia es la piedad
acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda
nada podremos sacar.
Así que, teniendo sustento y
abrigo, estemos contentos con esto.
Porque los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas,
que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los
males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la
fe, y fueron traspasados de muchos dolores. (énfasis mio)
De ahí, que tantas personas se alejan de la iglesia. De ahí que tantas
personas son estafadas y terminan alejándose de Dios.
En realidad esa no es iglesia, esa es una vil deformación que lejos de
acercar a las personas a Dios las aleja, lejos de vivir lo que predica, exige
lo que no hace y ofrece lo que no tiene. Entretiene pero no forma. Entusiasma
pero no transforma. Ayuda pero no salva. Anima pero no restaura. Canta pero no
adora.
Pero no todo es igual. Existen muchos hombres y mujeres honestos y
piadosos pero ¿Qué significa ser piadoso?
La palabra traducida como piedad es eusebeia (εὐσέβεια), de eu, bien, y
sebomai, ser devoto, denota aquella piedad que, caracterizada por una actitud
en pos de Dios, hace aquello que le es agradable a Él. Indica reverencia
manifestada en acciones.
Es decir alguien piadoso, no es quien se la pasa el día en un templo,
pero si quien durante todo el día es consciente de la presencia del Padre y
busca agradarlo con cada acto, cada palabra y cada pensamiento.
Es aquella persona reverente al Padre, no el domingo durante el
servicio y debe aparentar ya que es un “ministro” sino el que puede decir como Elías
el profeta “Vive el Señor en cuya presencia estoy”.
Las personas de este calibre, guían a las personas a Dios y no a sí
misma. Carecen de fama y/o popularidad, no porque ser famoso o popular sea
pecado, sino porque la dirección que le dan al pueblo y la enseñanza, deja
claramente establecida que el que obra es el Señor y no ellos mismos.
Esas personas, diseminadas por el mundo entero, son quienes pastorean e
integran la iglesa. No la Iglesia de MENTIRA de la que hablo al principio,
sino, la VERDADERA.



