Sonrío frente a la notebook de solo pensar en la cantidad de cosas que
podría escribir acerca de esta cuestión tan inherente al género humano, pero
que alcanza una magnitud extraordinaria en nosotros, los argentinos.
Amistades, relaciones, negocios, estudios, deportes, cada faceta
de nuestra vida se ve “contaminada” por esta característica, pero de entre
todas quiero hablar o mejor, escribir, de fútbol.
Me fui a dormir con la tristeza de haber visto a nuestra
selección perder una vez más una final, y otra vez después de los 90, otra mas
sin hacer goles…
Me desperté, con la noticia que Messi, había renunciado a la
selección y eso me hizo reflexionar. ¿Cómo se puede renunciar a la selección?,
me suena a algo así como renunciar a ser argentino!, es como si dijera me gusta
el futbol, pero no quiero saber mas nada con la celeste y blanca… y a partir de
ahí multitud de voces que opinan, juzgan, defienden y atacan…
Todos con pasión. Una pasión exacerbada que solo puede
asimilar quien la comprende, la vive, la sufre y la practica…
Esa pasión que hace que el mejor del mundo pase a ser un “pecho
frío” en pocos minutos. Esa pasión que nos convierte en resultadistas absolutos
incapaces de analizar nada y que lo único que juzgan son los resultados y… esta
bien. Porque así somos. Pasamos del amor al odio. Del desconocimiento al
encantamiento (en una relación por ejemplo) y de ahí a la desilusión o el odio…
todo en horas o días.
El problema de Messi es que no entiende ese apasionamiento
argento, el creció en Europa, lejos de esta locura colectiva emocional que todo
sea lo mejor o lo peor, sin grises ni puntos medios. El, quien no desarrollo
nuestra “capacidad emocional” porque tuvo una vida diferente, cree que el
rechazo y la crítica de todos o casi todos los argentinos es una opinión y no
entiende que solo es una reacción…
Maradona fue criticado, y ni hablemos del resto de los
jugadores que siendo goleadores y/o jugadores exquisitos fueron tildados de
patadura, amargos, vendidos y que se yo cuanto titulo mas les supimos otorgar…
El gran problema es que antaño los jugadores crecían acá, eran como el resto de
los mortales que habitamos la argentina capaces de reaccionar, acercándose al
alambrado de la cancha y mandando vaya a saber donde al hincha que criticaba.
Pero ahora eso termino. Ahora los jugadores son empresarios multimillonarios de
Europa que incorporaron un Lifestyle superior y en alguna parte de su
inconsciente están convencidos que son incuestionables.
No es así Messi & Cia. Ustedes son tan cuestionables
como el resto de los mortales, con la diferencia que practican una actividad
que moviliza emociones extremas, por eso es que los aplausos son extremos
cuando todo sale bien y las criticas también lo son, cuando las cosas salen
mal.
Esta es nuestra naturaleza, así somos, así nos va. Quiera
Dios que algún día cambiemos un poco pero mientras tanto acostúmbrense, ser el
mejor o el peor solo es cuestión de un resultado.

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