jueves, 30 de junio de 2016

¿PROPOSITO?: TRAIDOR...


Siempre existen en un equipo, personas de diferentes características. Ninguno es perfecto, todos nos equivocamos, todos cometemos errores, pero… Cual es tu corazón?



Veamos brevemente tres episodios, de tres historias y pongamos en claro nuestra naturaleza.



Juan 19:26, 27  Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.



Lucas 22:31-34  Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

Juan 21:15-17  Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.



Juan 13:21-27  Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.

Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba.

Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.

A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba.

El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?

Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.



El primer caso era Juan, el discípulo amado y que amaba a Jesús. Un hombre que tenía intimidad permanente con el Señor. De los doce, había tres, pero de los tres este era quien se destacaba. Jesús lo conocía, y el conocía a Jesús. Por eso es que su última misión fue la de cuidar de Maria, la madre de Jesús. Una tarea que debería haber quedado en manos de José, su esposo o de alguno de los hermanos menores de Jesús (Mat 13:35) pero el Señor sabia perfectamente que Maria era una persona especial, y requeriría de una contención especial. Nadie como Juan para esta tarea, ya que al conocer a la perfección el corazón de Jesús podía satisfacer los requerimientos especiales de cuidado que Maria iba a tener.



El segundo caso, mucho más complejo, es el de Pedro. Un hombre impulsivo, sanguíneo, tan emocional que fue el primero en tener la revelación del Cristo y a los pocos segundos intentar, influenciado por demonios, boicotear el plan maestro de salvación. Un hombre que experimentó el quebranto de su propia cobardía al negar al Señor, dejo de lado su llamado para volver a su “vieja vida” cuando sintió que el Señor había muerto, pero que no obstante era fiel. Pese a su impulsividad y carnalidad, tomo la espada y defendió al Señor cuando lo vinieron a buscar cortando la oreja de uno de los soldados, camino sobre el agua, aunque pronto se comenzó a hundir y recibió la tarea de pastorear a la iglesia recibiendo la extraordinaria revelación que ella esta formada tanto por corderos (discípulos, dispuestos para el sacrificio) como por ovejas (multitudes buscando satisfacer sus propias necesidades). A pesar de todas sus fallas el Señor le dijo “he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.”



El tercer caso, es el más triste. Se trata de una persona que tuvo tudas las oportunidades para tener éxito. Fue elegido por el Señor para ser uno de sus 12. Pudo presenciar los milagros, oír las enseñanzas, disfrutar del amor. Recibió la confianza del Señor para manejar sus finanzas (13 hombres que Vivian a tiempo completo del ministerio) Pero su naturaleza nunca fue transformada. La critica frente a decisiones simples del Señor (como cuando el perfume fue derramado y el pensó en el derroche de dinero), el hablar por detrás y planear como destruirlo aun cuando seguía comiendo de su mano y haciéndose pasar por alguien confiable.

Este es el caso de una persona que permitió que una semilla de deshonra entre en su corazón y brote, y de frutos.



Interesante que cuando llego la hora, el Señor no se enojo, pero tampoco intento detenerlo. Simplemente le dijo, lo que vayas a hacer, hacelo de una buena vez. Jesús ya había asumido la naturaleza traidora y deshonrosa de Judas y sabia que nada podía hacer, ya que esta naturaleza jugaba un papel protagónico en el propósito para el cual Judas seria utilizado.



Podría Judas haberse arrepentido? Por supuesto, el Señor hubiera suplido alguien más, que lo entregue, del mismo modo que lo hizo en el monte Moriah, cuando Abraham iba a sacrificar a Isaac, El siempre tiene la capacidad de resolver si hay arrepentimiento pero, Judas ya había tomado su decisión. Había traicionado a su Señor, por treinta monedas de plata.



Y vos? Con quien te identificas? Con aquel que de tanta intimidad recibe lo mas especial de parte del Señor? Con el que a pesar de su temperamento y sus fallas es llamado a cumplir la tarea de construir el reino? O con aquel que nunca pudo cambiar su naturaleza y cuya única función es la de ser un traidor?...



TODAVIA ESTA A TIEMPO. CAMBIA TU NATURALEZA!

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